deshuesado

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El viejo año ya estaba de vuelta de todo. Le dolían las articulaciones y la vida le había vuelto un poco mezquino. Para no oir los gemidos de los pordioseros se ponía villancicos en los auriculares. Como un zapato de charol con la puntera pelada sólo esperaba el final de la fiesta que habian celebrado para recibir a su relevo. Ya era hora, no podía dar un día más. Pero el baile no daba seña de terminar.

Su relevo, como todo lo nuevo, despertaba admiración y deseo. La gente no paraba de hablar de él incluso unos pazguatos se intentaron hacer un autorretrato con sus teléfonos móviles para guardar memoria del momento. Sonrió, esa fiesta ya la disfrutó y ahora esos mismos recuerdos quedaban archivados en viejos archivos que nadie recordaba. Así eran las cosas pero no quiso amargarle al nuevo con consejos manidos. Que se apañara, seguro que lo haría…

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