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    El hombre sabio estaba empeñado en descubrir si había vida fuera de su mundo. Con tal fin pasaba las horas y los días observando por su telescopio. Cierta noche, dijo a su complaciente esposa:

   – ¿Sabes?, hoy he tenido la intensa sensación de que un ojo gigantesco me miraba desde el cielo.

   – Tonterías -dijo ella-. Vamos la cena está lista.

   En aquel mismo instante, en un lugar muy distinto, alguien decía:

   – ¿Sabes,  papá?, hoy al estar jugando con mi microscopio, me ha parecido sentir que un ojo diminuto me observaba desde el porta objetos.

   – Bah, tonterías -dijo el padre-. Anda, la cena está lista.

                                                                     Jorge Marin P. 

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